🐾 1. Nutrición reforzada y balanceada
Después del parto y en plena lactancia, Dama necesitaba una dieta de alta calidad, rica en:
- Proteínas para reparar tejidos y producir leche.
- Grasas saludables para energía.
- Calcio y fósforo para mantener sus huesos fuertes y apoyar el crecimiento de sus cachorros.
Comida recomendada: alimento premium para cachorros (sí, aunque sea adulta), porque tiene más nutrientes y calorías. También algo de pollo cocido, arroz, huevo duro, y siempre agua fresca y limpia.
🐾 2. Un espacio tranquilo y seguro
Dama había llegado temerosa. Necesitaba:
- Un lugar silencioso, cálido y sin sobresaltos.
- Una camita cómoda, preferentemente en un rincón sin corrientes de aire.
- Que nadie tocara a sus cachorros sin que ella estuviera presente, para no estresarla.
Era muy importante respetar su instinto maternal, dándole confianza.
🐾 3. Mucha observación médica
El parto fue sin asistencia, y al estar flaquita:
- Había que controlar que no tuviera fiebre, sangrado extraño o secreciones.
- Revisar que produjera suficiente leche, sin inflamaciones en las mamas.
- Desparasitarla solo con indicación veterinaria, y aplicar vacunas después del destete.
🐾 4. Cuidado emocional
Dama necesitaba:
- Paciencia y cariño, pero sin agobiarla.
- Rutinas estables para comer, descansar y pasear.
- Contacto visual suave, palabras tiernas, y permitirle acercarse a voluntad.
Su historia antes de llegar a la familia Salgado era desconocida, pero el miedo en sus ojos lo decía todo. Con amor, fue sanando.
🐾 5. Paseos breves, pero constantes
Aunque no podía alejarse mucho de sus crías, caminatas cortas la ayudaban a:
- Estimular la digestión y la circulación.
- Distraerse un poco del rol de madre full-time.
- Fortalecer su musculatura, especialmente después del esfuerzo del parto.
🐾 6. Supervisión al destete
Cuando los cachorros empezaron a comer solos (alrededor de las 4-5 semanas), Dama necesitó ayuda para el proceso de separación:
- Le costaba alejarse.
- Seguía queriendo lamerlos y protegerlos.
- Había que vigilar que no se estresara, ni que desarrollara mastitis por la leche acumulada.
Capítulo 9: La paciencia de Dama
Durante las primeras semanas, todos estaban encantados con los cachorros. Las risas llenaban los rincones, y el jardín parecía una guardería de orejitas largas. Pero la que llevaba el peso más grande era Dama.
Rosa fue la primera en notarlo. Aquella madre noble, que nunca se quejaba, empezó a caminar más lento. A veces no comía. Otras veces, se echaba al sol sin moverse por horas.
—Está exhausta —dijo Rosa una noche—. Ha hecho un trabajo admirable, pero no es una máquina.
Y tenía razón.
Dama había llegado desnutrida, con los huesos marcados. Luego parió sola, cuidó de siete crías, las alimentó, las limpió, las defendió. Y ahora que crecían y saltaban encima suyo todo el día, su cuerpo pedía auxilio en silencio.
Samuel hizo un rincón especial solo para ella, con mantas limpias, comida tibia y una camita que daba al patio. Clara se encargaba de llevarle agua fresca varias veces al día. Julián la sacaba a caminar despacio por la mañana, mientras los cachorros dormían. Lucas, con sus manos pequeñas, le acariciaba la cabeza y le susurraba:

—Ya falta poco, Dama. Ya vas a descansar.
Pero lo más importante fue el alimento. Rosa buscó consejo con el veterinario del pueblo. Regresó con un saco de comida especial para madres lactantes, y cocinaba pollo con arroz tres veces por semana. Clara le hacía huevos duros, que Dama comía en silencio, como si por fin la vida empezara a devolverle algo de lo que había dado.
Y funcionó.
Poco a poco, el brillo volvió a su pelaje. Las costillas dejaron de notarse tanto. Sus ojos, antes apagados, empezaron a chispear con esa luz que sólo tienen las madres que saben que sus hijos ya están bien.
Cuando los cachorros cumplieron cinco semanas, comenzaron a probar el alimento sólido. Al principio, metían las patas en el plato, se ensuciaban la cara, y luego corrían a buscar leche de mamá. Dama los dejaba, pero ya no se acostaba. Se mantenía de pie, firme, enseñándoles que estaba llegando la hora de crecer.
Esa fue su última gran lección.
A la sexta semana, Rosa notó que Dama se alejaba sola a dormir bajo el limonero. Ya no dormía con los cachorros. Los observaba desde lejos. No por falta de amor… sino porque había cumplido su misión.
Los cachorros ya no eran bebés. Eran pequeños terremotos listos para conquistar el mundo.