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Cachorro que muerde manos y pies: dentición y control de mordida

Sergio Soikis19 de febrero de 20264 min de lectura
Un cachorro de pelo marrón claro mordisquea suavemente la mano de una persona sobre una alfombra.

Si tu cachorro te persigue los tobillos, te mordisquea los dedos cada vez que lo acaricias y convierte tus manos en su juguete favorito, no estás criando a un perro agresivo. Estás viviendo una de las etapas más normales en la vida de cualquier perro. La buena noticia es que este momento también es la mejor oportunidad para enseñarle algo que le servirá toda la vida: a controlar la fuerza de su boca.

Por qué tu cachorro muerde tanto

Los perros exploran el mundo con la boca, igual que un bebé lo hace con las manos. Morder es su forma de jugar, de investigar y de llamar tu atención. A esto se suma el cambio de dientes. Un cachorro tiene 28 dientes de leche que, más o menos entre los tres y los seis o siete meses de edad, van cayendo para dejar paso a los 42 dientes definitivos. Durante esas semanas las encías pueden molestarle, y masticar le da alivio.

Hay otro factor importante. Cuando los cachorros juegan con sus hermanos, aprenden que si muerden demasiado fuerte, el otro chilla y deja de jugar. Así empiezan a medir su fuerza. Por eso, los cachorros que se separaron muy pronto de su madre y su camada a veces muerden con menos cuidado: les faltó parte de esa lección, y ahora te toca a ti completarla.

Qué es la inhibición de la mordida

La inhibición de la mordida es la capacidad del perro de controlar la presión de sus dientes. Un perro que la aprendió bien, aunque algún día se asuste o sienta dolor, tiene muchas menos probabilidades de causar una herida seria. Por eso conviene enseñarla en dos pasos:

  1. Primero, eliminar los mordiscos fuertes. Cada vez que apriete demasiado, el juego se termina por un momento.
  2. Después, reducir la presión poco a poco, hasta que entienda que los dientes no deben tocar la piel de las personas.

No intentes que deje de morder de golpe desde el primer día. Es mejor que aprenda a ser suave con la boca que simplemente reprimirlo sin que entienda nada.

Cómo enseñarle paso a paso

  • Detén el juego cuando muerda fuerte. Retira la mano con calma, quédate quieto unos segundos o date la vuelta. Para él, perder a su compañero de juego es la consecuencia más clara.
  • Si insiste, haz una pausa corta. Sal de la habitación o ponlo un momento en su espacio seguro. Uno o dos minutos bastan; luego vuelve a jugar con normalidad.
  • Ofrécele siempre una alternativa. Cambia tu mano por un juguete para morder y felicítalo cuando lo tome. Le estás enseñando qué sí puede morder.
  • No juegues con las manos desnudas. Usa cuerdas o peluches resistentes para que sus dientes tengan un destino claro.
  • Si te persigue los pies, quédate quieto. Los pies en movimiento son una invitación a la caza. Cuando te detienes, el juego pierde gracia; dale entonces un juguete.
  • Premia la calma. Cuando te huela o te lama la mano sin morder, felicítalo con voz suave o dale un premio.

Algo muy importante: nunca le pegues, no le cierres el hocico a la fuerza ni lo sacudas. Esto genera miedo, y un perro con miedo puede terminar mordiendo más, no menos. Pide a toda la familia que siga las mismas reglas, y vigila siempre los juegos entre el cachorro y los niños.

Alivio para las encías y una rutina que ayuda

Durante la dentición puedes ayudarle con juguetes de goma resistentes pensados para cachorros, algunos se pueden enfriar en el refrigerador para calmar las encías. Evita huesos cocidos, objetos duros que puedan romper un diente y cualquier cosa pequeña que pueda tragarse.

Muchos cachorros muerden más cuando están cansados o sobreestimulados, igual que un niño que se pone insoportable antes de dormir. Asegúrate de que tenga ejercicio adecuado para su edad, juegos de olfato y, sobre todo, muchas horas de descanso tranquilo.

Cuándo consultar al veterinario

Es normal encontrar algún diente de leche en el piso o ver una gotita de sangre en un juguete. Pero llévalo al veterinario si notas alguna de estas señales:

  • Un diente de leche que sigue en su lugar cuando ya salió el definitivo.
  • Encías muy inflamadas, mal olor fuerte en la boca o sangrado que no se detiene.
  • Que deje de comer, esté decaído o tenga dolor evidente.
  • Mordidas acompañadas de gruñidos, cuerpo rígido o protección de comida y juguetes.

En este último caso, además del veterinario, puede ser muy útil la ayuda de un educador canino con experiencia. Con paciencia y constancia, ese pequeño tiburón se convertirá en un perro de boca suave y confiable.