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Calendario de vacunas del cachorro en su primer año

Sergio Soikis5 de octubre de 20254 min de lectura
Cachorro mestizo sentado en la mesa del veterinario durante una revisión.

Cuando llega un cachorro a casa, todo es juego, mordiscos y siestas. Pero en medio de esa alegría hay una tarea que no puede esperar: sus vacunas. Durante los primeros meses de vida, tu perro es especialmente vulnerable a enfermedades que pueden ser mortales y que, por suerte, se previenen muy bien. Aquí te explico qué vacunas suele recibir un cachorro, en qué momento y por qué es tan importante no saltarse ninguna dosis.

Qué vacunas necesita un cachorro

Los veterinarios dividen las vacunas en dos grupos. Las esenciales son las que todo perro debería recibir, viva donde viva:

  • Moquillo (distemper): un virus que afecta el aparato respiratorio, el digestivo y el sistema nervioso.
  • Parvovirus: provoca vómitos y diarrea con sangre, y es una de las principales causas de muerte en cachorros sin vacunar.
  • Adenovirus (hepatitis infecciosa canina): daña el hígado y otros órganos.
  • Rabia: en Argentina, México y el resto de América Latina es indispensable y, además, obligatoria por ley. Se transmite a las personas y es mortal una vez que aparecen los síntomas.

Luego están las vacunas complementarias, que el veterinario recomienda según la zona y el estilo de vida del perro: leptospirosis (muy frecuente en lugares con lluvias, charcos o roedores), parainfluenza y la tos de las perreras, entre otras. Muchas vienen combinadas en una sola inyección, que según el país o la marca se conoce como vacuna "puppy", quíntuple, séxtuple u óctuple. Lo que importa no es el nombre, sino qué enfermedades cubre.

Calendario orientativo del primer año

Cada veterinario adapta el esquema al cachorro que tiene enfrente, pero en líneas generales se ve así:

  1. Entre las 6 y 8 semanas: primera dosis de la vacuna combinada contra moquillo, parvovirus y adenovirus, a veces también con parainfluenza.
  2. Entre las 10 y 12 semanas: segunda dosis de la combinada. Muchas veces se suma la leptospirosis, que necesita dos aplicaciones separadas por unas semanas.
  3. Entre las 14 y 16 semanas: tercera dosis. La última aplicación de esta serie debe darse a las 16 semanas o después; si no, el veterinario agregará otra.
  4. Alrededor de los 3 meses en adelante: vacuna antirrábica, en la edad que marque la normativa de tu país.
  5. Entre los 6 meses y el año: un refuerzo que asegura que la protección quede bien establecida.

A partir de ahí, el veterinario te indicará cada cuánto repetir cada vacuna. Algunas, como la de leptospirosis, se aplican cada año; otras pueden espaciarse más. Guarda siempre la libreta sanitaria: la vas a necesitar para viajar, dejarlo en una guardería o cumplir con las campañas de rabia.

Por qué no conviene saltarse ninguna dosis

Es común pensar que con una o dos vacunas ya alcanza. No es así. Los cachorros reciben defensas de su madre a través de la leche, pero esas defensas van desapareciendo a un ritmo distinto en cada perro. Mientras siguen presentes, pueden bloquear el efecto de la vacuna. Por eso se aplican varias dosis: para que alguna llegue justo cuando las defensas maternas ya bajaron y el cuerpo del cachorro pueda responder por sí mismo.

Si cortas el esquema a la mitad, tu perro puede quedar sin protección real sin que lo sepas. Y enfermedades como el parvovirus o el moquillo son muy contagiosas, resisten en el ambiente y pueden llegar a casa en la suela de un zapato. Retrasarse unos días no suele ser grave, pero si se pasa mucho tiempo, el veterinario puede indicarte que reinicies parte del esquema.

Cuidados antes y después de cada vacuna

Lleva a tu cachorro sano a la cita: si está decaído, con diarrea o sin apetito, avisa al veterinario, porque quizá convenga esperar. Él también suele coordinar las desparasitaciones con las vacunas.

Después de la inyección es normal que tu perro esté un poco cansado, con algo de molestia en la zona o con menos ganas de comer durante uno o dos días. En cambio, llévalo al veterinario de inmediato si notas hinchazón en la cara, vómitos repetidos, dificultad para respirar o si se desmaya.

Mientras no complete su esquema, evita parques, plazas y lugares donde pasan muchos perros desconocidos. Eso no significa encerrarlo: puede conocer personas, ruidos y superficies nuevas en casa, en tus brazos o con perros sanos y vacunados. Esa socialización temprana es tan importante para su conducta como las vacunas para su salud.

Si aparecen vómitos, diarrea con sangre, tos con secreción nasal o mucho decaimiento en un cachorro sin vacunas completas, no esperes: puede tratarse de parvovirus o moquillo, y cada hora cuenta.