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Mudanza con tu perro: cómo ayudarlo antes, durante y después

Sergio Soikis22 de junio de 20264 min de lectura
Un perro mestizo de pelo corto olfatea cajas de mudanza en una sala casi vacía.

Para nosotros, una mudanza son cajas, trámites y cansancio. Para tu perro es algo más desconcertante: de un día para otro, los olores, los muebles y las rutinas que le daban seguridad empiezan a desaparecer, y él no entiende por qué. La buena noticia es que con un poco de planeación puedes hacer que el cambio sea mucho más llevadero. Aquí te cuento qué hacer en los días previos, el mismo día del traslado y en las primeras semanas en tu nuevo hogar.

Antes de la mudanza: preparar sin sobresaltos

Los perros se dan cuenta de que algo pasa mucho antes de que llegue el camión. Lo que más les ayuda es que el resto de su mundo siga igual.

  • Saca las cajas con anticipación. Si aparecen poco a poco, tu perro tendrá tiempo de olfatearlas y acostumbrarse a ellas.
  • Respeta sus horarios. Comida, paseos y juegos a la misma hora de siempre, aunque estés ocupado empacando.
  • No laves su cama ni su cobija. Su olor será un ancla de tranquilidad en la casa nueva.
  • Actualiza sus datos. Pon tu teléfono en la placa de identificación y, si tiene microchip, registra la nueva dirección.
  • Conozcan el barrio. Si la casa nueva queda cerca, llévalo a pasear por ahí algunas veces.
  • Practica el viaje. Si el trayecto será largo, acostúmbralo antes a la transportadora o al auto con salidas cortas y premios.

Aprovecha también para buscar un veterinario cerca de tu nuevo domicilio. Y si tu perro es muy nervioso, consúltalo con su veterinario; nunca le des tranquilizantes ni medicamentos por tu cuenta.

El día de la mudanza: un lugar seguro y tranquilo

Puertas abiertas, gente desconocida y muebles en movimiento son la combinación perfecta para un susto o una escapada. Lo ideal es que pase ese día con alguien de confianza o en una guardería para perros.

Si tiene que quedarse contigo, prepárale una habitación vacía con la puerta cerrada, su cama, agua fresca y algún juguete. Pon un letrero en la puerta para que nadie la abra por descuido. Sácalo a un paseo largo por la mañana: un perro cansado se angustia menos.

Para el viaje, dale una comida ligera algunas horas antes, así reduces el riesgo de mareo. Llévalo siempre bien sujeto, con cinturón para perros o en su transportadora; jamás suelto ni en la caja del camión de mudanza. Y no lo dejes solo dentro del auto, mucho menos si hace calor.

Los primeros días en la casa nueva

Antes de soltarlo, revisa la casa con ojo de perro: rejas, bardas o cercas con huecos, balcones sin protección, cables sueltos, productos de limpieza al alcance y plantas que puedan ser tóxicas.

  1. Arma su rincón primero. Coloca su cama, su plato y sus juguetes en un lugar parecido al que tenían antes.
  2. Deja que explore con calma. Recorran la casa con correa, habitación por habitación, sin prisas.
  3. Retoma la rutina de inmediato. Los mismos horarios le dicen que la vida sigue siendo predecible.
  4. Evita dejarlo solo muchas horas. Empieza con ausencias cortas y ve alargándolas poco a poco.
  5. Pasea siempre con correa. Durante las primeras semanas no conoce el barrio, y si la casa anterior está cerca, podría intentar regresar.

Si tiene algún accidente de pipí dentro de la casa, no lo regañes. Es normal; vuelve a lo básico: salidas frecuentes y premios cuando lo haga en el lugar correcto.

Señales de que algo no anda bien

Que tu perro esté más pegado a ti, un poco inquieto por las noches o con menos apetito durante uno o dos días es una reacción esperable. Con paciencia, la mayoría se adapta en pocas semanas.

Pero hay señales que no conviene dejar pasar. Llévalo al veterinario si:

  • Deja de comer por más de un día, o antes si es cachorro, de raza pequeña o ya mayor.
  • Tiene vómitos o diarrea repetidos, o ves sangre.
  • Está decaído, sin energía o se esconde todo el tiempo.
  • Se lame o se muerde hasta lastimarse.
  • Su conducta no mejora, o empeora, después de un par de semanas.

El estrés puede manifestarse en el cuerpo, y solo un profesional puede descartar que haya algo más. Si el problema es de conducta, como ladridos constantes o destrozos cuando se queda solo, un buen educador canino también puede ayudarte.

Al final, lo que más tranquiliza a un perro no es la casa, sino tú. Si mantienes la calma, su rutina y su cariño de siempre, pronto ese lugar extraño se convertirá en su hogar.