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Vacaciones en familia: ¿llevar al perro, cuidador o pensión?

Sergio Soikis15 de junio de 20264 min de lectura
Un perro mestizo sentado junto a una maleta abierta, lista para el viaje familiar.

Cuando se acercan las vacaciones en familia, aparece una pregunta que muchos dueños se hacen con el corazón dividido: ¿qué hacemos con el perro? No hay una respuesta única. Lo que le sienta bien a un perro joven y sociable puede ser un mal trago para uno mayor o miedoso. Aquí repasamos las ventajas y desventajas de cada opción, para que elijas pensando en tu perro y no solo en el plan del viaje.

Llevarlo con ustedes

Para muchos perros, lo más importante es estar con su gente. Si el destino lo permite, viajar juntos puede ser la mejor experiencia para todos.

  • Ventajas: no hay separación, tú controlas su comida y sus paseos, y la familia completa disfruta del descanso.
  • Desventajas: no todos los alojamientos, playas o restaurantes aceptan perros; los trayectos largos y el calor cansan; y el cambio de rutina estresa a algunos animales. Viajar en avión puede ser especialmente duro, y muchas aerolíneas ponen restricciones a las razas de hocico chato, como el bulldog o el pug, porque respiran con más dificultad.

Si decides llevarlo, confirma antes que el lugar acepte perros, lleva agua y haz pausas frecuentes. Nunca lo dejes dentro del auto estacionado, ni siquiera unos minutos: el calor puede ser mortal. Ponle una placa con tu teléfono y visita al veterinario antes de salir. Si vas a otro país, averigua con tiempo los requisitos sanitarios, porque suelen pedir vacunas y certificados con plazos concretos. Y no le des ningún tranquilizante por tu cuenta; eso solo lo decide el veterinario.

Dejarlo con un cuidador

Un cuidador de confianza puede quedarse en tu casa, recibir al perro en la suya o pasar varias veces al día a atenderlo.

  • Ventajas: atención más personal, menos cambios en su rutina y poco contacto con perros desconocidos. Para los perros mayores o tímidos, quedarse en su propio ambiente suele ser lo más tranquilo.
  • Desventajas: todo depende de una sola persona. Si se enferma o falla, el perro queda desprotegido. Además, si el cuidador solo hace visitas, tu perro puede pasar muchas horas solo, algo que a algunos les genera mucha ansiedad.

Pide referencias, preséntalos con calma antes del viaje y, si puedes, haz una prueba de uno o dos días. Deja por escrito sus horarios, su comida, sus mañas y el teléfono de su veterinario, y avisa en la clínica que esa persona puede llevarlo en caso de urgencia.

Hotel o pensión canina

Una buena pensión ofrece instalaciones seguras y personal acostumbrado a manejar perros.

  • Ventajas: supervisión durante el día, horarios ordenados, espacios cerrados de donde es difícil escaparse y, en muchos casos, un veterinario disponible. Los perros sociables a veces la pasan muy bien jugando con otros.
  • Desventajas: el ruido y el movimiento pueden agobiar a perros nerviosos o ancianos. Al convivir con muchos animales hay más riesgo de enfermedades contagiosas, como la tos de las perreras. Y en temporada alta los buenos lugares se llenan pronto.

Visita el lugar antes de reservar. Fíjate en la limpieza, dónde duermen los perros y cuántos atiende cada persona. Es buena señal que te exijan las vacunas al día y la desparasitación. Pregunta qué hacen si un perro se enferma y lleva su propio alimento, porque un cambio brusco de comida puede causarle problemas digestivos.

Cómo decidir qué es mejor para tu perro

Antes de elegir, hazte estas preguntas:

  1. ¿Cómo es su salud y su edad? Si tiene una enfermedad crónica, toma medicamentos o ya es mayor, habla primero con su veterinario. Su bienestar está por encima de la comodidad del viaje.
  2. ¿Cómo es su carácter? Un perro sociable y adaptable tolera mejor una pensión; uno miedoso suele estar mejor en casa con alguien conocido.
  3. ¿Qué tipo de viaje es? Una cabaña en la montaña no es lo mismo que una ciudad llena de museos y restaurantes.
  4. ¿Cuánto tiempo estarán fuera? Una escapada corta y unas vacaciones largas no se viven igual.

Cuando vuelvan, obsérvalo unos días. Es normal que esté cansado o muy pegado a ti, pero si notas tos, diarrea, vómitos, falta de apetito o decaimiento que no mejora, llévalo al veterinario cuanto antes. Con un poco de planificación, las vacaciones pueden ser un buen recuerdo para toda la familia, incluido él.