Viajar en auto con tu perro: seguridad, mareos y costumbre
Llevar a tu perro en el auto puede ser un gusto o un mal rato, según cómo lo prepares. Algunos perros suben felices y se acomodan solos. Otros jadean, lloran o terminan vomitando antes de llegar a la esquina. La buena noticia es que casi todo se puede mejorar con tres cosas: un lugar seguro dentro del auto, algunas precauciones contra el mareo y mucha paciencia para que se acostumbre poco a poco.
Por qué tu perro debe ir sujeto
Un perro suelto en el auto es un riesgo para él y para todos los que viajan. En una frenada brusca sale despedido con mucha fuerza, puede golpearse contra el asiento o el parabrisas y lastimar a otra persona. Además, un perro que se pasea por el auto o se mete entre tus pies distrae al que maneja.
Tienes dos buenas opciones:
- Arnés de seguridad para auto: se engancha al cinturón o al anclaje del asiento con un conector corto. Busca uno acolchado, que ajuste bien en el pecho y, si es posible, que el fabricante indique que fue probado en impactos. Nunca enganches la correa al collar: ante una frenada, toda la fuerza va al cuello.
- Transportadora o jaula: ideal para perros pequeños, cachorros y perros nerviosos. Debe quedar firme, en el piso detrás del asiento delantero o bien asegurada en la cajuela si es un vehículo con zona de carga abierta al habitáculo. Una transportadora que se desliza o se vuelca no protege.
Lo mejor es que viaje en el asiento trasero. En el asiento del acompañante, la bolsa de aire puede herirlo gravemente si se activa. Y aunque a muchos perros les encanta, evita que saque la cabeza por la ventana: pueden entrarle tierra, insectos o piedritas en los ojos, y algunos llegan a saltar.
Mareos en el camino: cómo reconocerlos
El mareo es muy común, sobre todo en cachorros, porque el oído interno, que controla el equilibrio, todavía está en desarrollo. Muchos lo superan al crecer, aunque en otros perros el problema sigue o se mezcla con el miedo al auto. Las señales suelen aparecer antes del vómito:
- Babeo abundante.
- Bostezos repetidos y lamerse los labios.
- Inquietud, gemidos o temblores.
- Quedarse muy quieto y con la mirada perdida.
- Arcadas o vómito.
Qué hacer para prevenir el mareo
Con algunos cambios sencillos muchos perros viajan bastante mejor:
- Estómago liviano: no le des una comida abundante en las horas previas al viaje. Sí debe tener agua disponible.
- Aire fresco: mantén el auto ventilado y a una temperatura agradable. Bajar un poco las ventanillas ayuda a igualar la presión y a que entre aire.
- Manejo suave: evita arranques y frenadas bruscas y toma las curvas con calma.
- Que mire hacia adelante: a algunos perros les ayuda ir orientados en el sentido de la marcha en lugar de mirar por las ventanillas laterales.
- Pausas: en viajes largos, detente cada tanto en un lugar seguro para que camine, haga sus necesidades y tome agua, siempre con correa.
Si a pesar de todo sigue vomitando, habla con tu veterinario. Existen medicamentos para el mareo en perros, pero solo él puede indicar cuál conviene y en qué cantidad. No le des pastillas para el mareo de uso humano por tu cuenta. Y si el vómito continúa después de bajar del auto, notas a tu perro decaído o con dificultad para respirar, llévalo al veterinario sin esperar.
Un aviso que nunca sobra: no dejes a tu perro solo en el auto estacionado, ni siquiera unos minutos con las ventanillas entreabiertas. El interior se calienta muy rápido y puede sufrir un golpe de calor que pone en peligro su vida.
Acostumbrarlo poco a poco a viajar
Muchos perros solo suben al auto para ir al veterinario, así que es lógico que lo asocien con algo desagradable. La idea es cambiar esa asociación paso a paso, sin apuro:
- Auto quieto y apagado: invítalo a subir, dale premios y caricias, y bájense a los pocos minutos. Repite varios días.
- Motor encendido: cuando suba tranquilo, enciende el motor sin moverte y sigue premiándolo.
- Vueltas cortas: da una vuelta a la manzana y regresa. Ve alargando el recorrido de a poco.
- Destinos agradables: que muchos viajes terminen en un parque o en un paseo que le guste.
Si en algún paso ves babeo, jadeo o temblores, vuelve al anterior y avanza más despacio. Habla con voz tranquila y no lo regañes si se marea: no lo hace a propósito. Con tiempo, la mayoría de los perros aprenden a viajar relajados, y tú vas a disfrutar mucho más de cada salida juntos.