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Adoptar un perro ciego, sordo o con tres patas: guía práctica

Sergio Soikis22 de septiembre de 20264 min de lectura
Un perro mestizo de tres patas corre feliz sobre el pasto de un parque.

En casi todos los refugios hay perros que pasan meses esperando mientras otros encuentran familia en pocos días. Muchos de ellos tienen algo en común: no ven, no oyen o les falta una pata. Quien se anima a adoptarlos suele descubrir lo mismo. Estos perros no viven su condición como una tragedia. Se adaptan, juegan, aprenden y quieren con la misma intensidad que cualquier otro. Lo que sí necesitan es un dueño que entienda algunas cosas desde el primer día. Aquí te cuento cuáles son.

Antes de adoptar: preguntas que conviene hacerte

Un perro con discapacidad no es más difícil de querer, pero sí pide un poco más de planificación. Antes de llevarlo a casa, pide al refugio toda la información que tengan:

  • Historia médica: desde cuándo tiene la condición, si fue por un accidente, una enfermedad o es de nacimiento, y si necesita algún tratamiento.
  • Carácter: cómo se lleva con otros perros, con gatos y con niños.
  • Rutina actual: qué come, cómo pasea y qué lo tranquiliza.

Piensa también en tu casa y en tu tiempo. ¿Hay escaleras? ¿Tienes un patio bien cercado? ¿Puedes dedicarle las primeras semanas con calma? Y en cuanto llegue, llévalo a una revisión con el veterinario. Algunas causas de ceguera, como el glaucoma, pueden provocar dolor y requieren control, y un perro amputado necesita que alguien vigile sus articulaciones.

Si el perro es ciego

Los perros se guían muchísimo por el olfato y el oído, así que un perro ciego suele moverse con soltura en un lugar que conoce. La clave es ayudarlo a construir ese mapa mental:

  • No cambies los muebles de lugar, sobre todo al principio. Deja su plato, su agua y su cama siempre en el mismo sitio.
  • Coloca rejas de protección en las escaleras y revisa si hay esquinas filosas a la altura de su cabeza.
  • Usa texturas como señales: un tapete en la entrada a la cocina o junto a la puerta le indica dónde está.
  • Háblale antes de tocarlo, para no asustarlo, y pide a las visitas que hagan lo mismo.
  • Si tienes otras mascotas, un cascabel en su collar le ayuda a saber dónde andan.

En los paseos, palabras como "cuidado", "escalón" o "alto" se aprenden rápido y le dan mucha seguridad.

Si el perro es sordo

La sordera es más frecuente en perros con mucho blanco en el pelaje o con pelaje merle, aunque puede aparecer en cualquiera, también con la edad. Un perro sordo aprende igual que los demás; solo cambia el idioma.

  • Enséñale señas con la mano para sentarse, venir, esperar y "muy bien". Usa siempre la misma seña para cada cosa y prémialo con comida o caricias.
  • Para llamar su atención, puedes golpear suavemente el piso para que sienta la vibración o encender y apagar una luz.
  • Despiértalo con delicadeza, tocándolo siempre en el mismo lugar, por ejemplo el lomo, para que no se sobresalte.
  • Fuera de casa, siempre con correa o en un espacio bien cercado: no va a oír si lo llamas ni el ruido de un coche.

Hay collares que vibran para llamar su atención; elige solo los de vibración y nunca uno que dé descargas.

Si le falta una pata

Los perros de tres patas suelen adaptarse sorprendentemente bien y muchos corren y juegan como si nada. Aun así, las patas que le quedan cargan más peso, y eso hay que cuidarlo:

  • Mantenlo en su peso ideal. Es lo más importante para proteger sus articulaciones; pregunta al veterinario cuál es el adecuado para él.
  • Pon alfombras o tapetes antideslizantes en pisos resbalosos.
  • Prefiere paseos más cortos y frecuentes en lugar de uno muy largo.
  • Una rampa para subir al sillón o al coche y un arnés con asa te ayudarán en los momentos difíciles.

Si notas que cojea más, que le cuesta levantarse o que se queja al moverse, llévalo al veterinario sin esperar.

Lo que recibes a cambio

Quienes conviven con estos perros coinciden en algo: enseñan mucho. No se quejan de lo que les falta, simplemente encuentran otra forma de hacer las cosas. Con paciencia, se vuelven compañeros muy apegados, porque aprenden a confiar en ti de una manera especial. Cada seña que aprende tu perro sordo, cada recorrido que tu perro ciego hace solo por la casa, cada carrera de tu perro de tres patas en el parque se siente como un logro compartido.

Además, le das un hogar a un perro que probablemente nadie iba a elegir. Si tienes el tiempo y las ganas, no dejes que una discapacidad te haga pasar de largo frente a su jaula. Puede que ahí esté el mejor amigo que vas a tener.