Alimento para perro mayor: qué cambia y cómo hacer la transición
Comida húmeda o seca para tu perro: cómo elegir y combinarlas
Pocas preguntas se escuchan tanto entre quienes tienen perro como esta: ¿es mejor darle croquetas o comida húmeda? La respuesta honesta es que ninguna de las dos es mala por sí misma. Lo que importa es que el alimento sea completo y balanceado, que la cantidad sea la adecuada y que se ajuste a tu perro en particular: su edad, su tamaño, su nivel de actividad y su salud. Veamos qué ofrece cada opción y cómo puedes combinarlas sin complicarte.
Alimento seco: práctico y económico
El alimento seco, que en muchos lugares llamamos croquetas o alimento balanceado, es la opción más común, y tiene buenas razones para serlo.
- Es más económico por cada día de alimentación, sobre todo en perros medianos y grandes.
- Se conserva bien una vez abierto, siempre que guardes la bolsa bien cerrada, en un lugar fresco y seco.
- Es fácil de medir y de llevar, ideal para viajes o para usar en juguetes dispensadores.
- Concentra más energía en menos volumen, por lo que el perro necesita una porción más pequeña.
Sus desventajas: contiene poca agua, alrededor de un diez por ciento, así que tu perro debe tener siempre agua fresca a su alcance. Algunos perros, sobre todo los mayores o los más exigentes, lo encuentran poco apetecible. Y aunque se dice mucho que las croquetas limpian los dientes, su efecto es limitado: no reemplazan el cepillado ni las revisiones dentales.
Comida húmeda: sabrosa e hidratante
La comida húmeda, la que viene en latas, sobres o bandejas, tiene sus propios puntos fuertes.
- Aporta mucha agua: suele rondar el setenta y cinco por ciento, lo que ayuda a los perros que beben poco.
- Es muy apetecible por su olor y su textura, algo útil con perros de poco apetito o quisquillosos para comer.
- Es más fácil de masticar, una ventaja para perros mayores o con dientes sensibles.
- Tiene menos calorías por bocado gracias a su contenido de agua, así que el plato se ve más lleno con la misma energía.
En contra: cuesta bastante más, se echa a perder pronto una vez abierta (lo que sobre debe ir al refrigerador y usarse en el plazo que indique el fabricante) y no conviene dejarla en el plato durante horas. Además, tiende a quedarse pegada a los dientes, por lo que la higiene bucal se vuelve todavía más importante.
Cómo combinarlas correctamente
Mezclar ambos tipos puede darte lo mejor de los dos mundos: la practicidad de las croquetas y el sabor y la hidratación de la comida húmeda. El error más frecuente es sumar sin restar, es decir, agregar una lata encima de la ración habitual de croquetas. Así, poco a poco, el perro engorda.
- Parte de la ración diaria total. Revisa la cantidad recomendada en cada empaque según el peso de tu perro.
- Reparte en proporciones. Si decides que una cuarta parte de lo que come venga de la comida húmeda, dale una cuarta parte de la ración diaria indicada en la lata y tres cuartas partes de la ración indicada en la bolsa de croquetas.
- Elige alimentos completos y balanceados. Así lo dice la etiqueta. Algunos productos húmedos son solo complementarios y no deben ser la base de su dieta.
- Haz los cambios de forma gradual. Introduce el nuevo alimento a lo largo de una semana o diez días para evitar diarrea o vómitos.
- Vigila su peso y su figura. Pésalo de vez en cuando; debes poder sentir sus costillas sin que se vean marcadas. Ajusta las porciones si hace falta.
Puedes mezclarlas en el mismo plato o darlas en comidas separadas, por ejemplo croquetas en la mañana y comida húmeda en la noche. Las dos formas funcionan; elige la que mejor se adapte a tu rutina. Y recuerda que los premios también cuentan dentro de lo que come en el día.
Cuándo hablar con el veterinario
Si tu perro tiene alguna enfermedad, como problemas renales, diabetes, alergias u obesidad, o si es cachorro, o una hembra preñada o amamantando, su alimentación debe definirla el veterinario. A veces se necesita una dieta especial, y combinarla con otros productos puede restarle eficacia.
Tampoco esperes si notas que deja de comer de un día para otro, que vomita con frecuencia, que tiene diarrea que no mejora, que bebe muchísima más agua de lo normal o que baja de peso sin explicación. No siempre se trata de un asunto de comida; puede ser algo serio, y un veterinario debe revisarlo cuanto antes.
Al final, la mejor comida es la que tu perro come con gusto, lo mantiene en buen peso y con energía, y tú puedes sostener en el tiempo. Seca, húmeda o mezclada, con medida y atención, cualquiera puede ser una buena elección.