Dos perros en casa: cómo elegir al segundo y evitar peleas
Ver a dos perros dormir pegados en el sillón o correr juntos por el patio es una escena que convence a cualquiera. Y es cierto: muchos perros disfrutan de tener un compañero. Pero sumar un segundo perro a la familia no siempre sale bien por sí solo. La elección del nuevo integrante y la forma en que manejes las primeras semanas marcan la diferencia entre una pareja que se lleva de maravilla y una casa con tensiones constantes.
Antes de decidir: piensa en el perro que ya tienes
El primer criterio no es el perro que te gusta, sino el que ya vive contigo. Pregúntate con honestidad:
- ¿Se lleva bien con otros perros en el parque o en los paseos, o prefiere evitarlos?
- ¿Tiene buena salud y energía? Un perro mayor o con dolores puede vivir a un cachorro inquieto como una molestia permanente.
- ¿Su educación básica está firme? Si hoy tira de la correa o cuida su comida con gruñidos, esos hábitos suelen multiplicarse con dos.
- ¿Tienes tiempo, espacio y presupuesto para el doble de comida, veterinario y paseos?
Un segundo perro no viene a resolver el aburrimiento del primero si este no recibe suficiente atención. Primero se cubren sus necesidades; después se piensa en un compañero.
Cómo elegir al segundo perro
No hay una fórmula infalible, pero hay pautas que ayudan bastante:
- Sexo: en general, las parejas de macho y hembra suelen convivir con menos roces que las de dos perros del mismo sexo. Habla con tu veterinario sobre la castración o esterilización, que además evita camadas no planeadas.
- Energía parecida: un perro tranquilo y otro incansable pueden chocar. Busca un ritmo de vida similar.
- Tamaño: si hay mucha diferencia, supervisa los juegos, porque un perro grande puede lastimar a uno chico sin querer.
- Edad: un adulto equilibrado suele aceptar mejor a un cachorro que a otro adulto de carácter fuerte, aunque necesitará momentos para descansar de él.
- Carácter: si adoptas en un refugio, pregunta cómo se comporta el perro con otros. Muchos permiten hacer un encuentro previo con tu perro, y vale la pena aprovecharlo.
La primera presentación
El primer encuentro marca el tono de la relación. Evita que sea dentro de casa, donde tu perro puede sentir que debe defender su territorio.
- Elige un lugar neutral y tranquilo, con cada perro con su correa y una persona a cargo de cada uno.
- Caminen en paralelo a cierta distancia y acérquense poco a poco, dejando que se observen.
- Permite que se huelan unos segundos, con la correa floja, y luego sepáralos con calma para seguir caminando.
- Fíjate en su cuerpo: posturas relajadas e invitaciones al juego son buena señal; cuerpo rígido, mirada fija, pelo erizado o gruñidos indican que hay que ir más despacio.
Antes de este paso, asegúrate de que ambos tengan sus vacunas y desparasitaciones al día según lo que indique el veterinario.
Los primeros días en casa: cómo evitar celos
Muchas de las peleas entre perros que conviven nacen por recursos: comida, juguetes, lugares para dormir y tu atención. Por eso:
- Dales de comer en lugares separados, o incluso en habitaciones distintas, y retira los platos al terminar.
- Ten camas, bebederos y juguetes suficientes para los dos. Los huesos y premios masticables, mejor dárselos por separado.
- Respeta al perro que llegó primero: salúdalo, dale su paseo y sus ratos a solas contigo como siempre.
- Dedica también tiempo individual al nuevo, para su educación y para crear vínculo contigo.
- Cuando no puedas vigilarlos durante las primeras semanas, déjalos en espacios separados.
- Premia los momentos de calma juntos con caricias o golosinas, para que asocien la compañía con cosas buenas.
Señales de alerta y cuándo pedir ayuda
Algunos gruñidos y juegos bruscos son normales mientras se acomodan. Lo que no es normal son las peleas repetidas, que un perro deje de comer o se esconda por miedo, o que la tensión aumente con el tiempo en lugar de bajar.
Si llegan a pelear, no metas las manos entre ellos: puedes salir mordido. Interrumpe con un ruido fuerte o interponiendo un objeto, como una tabla o una silla, y sepáralos. Después revisa a ambos: cualquier mordida, aunque parezca pequeña, debe verla un veterinario, porque las heridas punzantes pueden infectarse por dentro. Y si uno de tus perros se vuelve agresivo de repente, llévalo también al veterinario, ya que el dolor o alguna enfermedad pueden estar detrás.
Cuando los conflictos se repiten, lo mejor es buscar un educador canino o un veterinario especializado en conducta. Con paciencia y buena guía, la mayoría de las parejas termina encontrando su equilibrio.