Enseña a tu perro a venir cuando lo llamas, aun con distracciones
Pocas cosas dan tanta tranquilidad como saber que tu perro va a volver cuando lo llames. No importa si se soltó la correa, si vio un gato al otro lado de la calle o si está jugando con otros perros en el parque: un buen llamado puede evitarle un susto, un accidente o algo peor. La buena noticia es que cualquier perro, cachorro o adulto, puede aprender a acudir. Solo hace falta paciencia, buenos premios y avanzar poco a poco.
Por qué tu perro no viene (y cómo cambiarlo)
Para un perro, venir hacia ti tiene que valer más que cualquier otra cosa que esté pasando a su alrededor. Si cada vez que lo llamas se termina el juego, le pones la correa para irse a casa o lo regañas, aprenderá rápido que acudir no le conviene. El secreto está en que tu perro asocie esa palabra con lo mejor de su día.
Antes de empezar: la palabra y los premios
- Una palabra clara y siempre la misma: "ven", "aquí" o incluso un silbido. Si ya usaste "ven" muchas veces sin éxito, conviene elegir una nueva y empezar de cero.
- Premios de alto valor: trocitos pequeños de pollo cocido sin sal ni condimentos, queso o las golosinas que tu perro adore. Para esta orden, su alimento de todos los días suele quedarse corto.
- Una correa larga, de cinco a diez metros, para practicar al aire libre con seguridad.
- Un tono alegre. Tu voz debe sonar a invitación, no a reclamo.
Paso a paso: de la casa al parque
- Empieza en casa, en un lugar tranquilo. Di la palabra una sola vez, cuando ya esté cerca, y dale el premio en cuanto llegue. Repite varias veces al día, en sesiones cortas de unos cinco minutos.
- Aumenta la distancia poco a poco: desde otra habitación, desde el otro lado del patio. Si no viene, aléjate de él agachándote o dando palmadas; los perros suelen seguir a quien se va.
- Cuando llegue, tócale el collar suavemente antes de premiarlo. Así se acostumbra a que lo sujeten sin que eso signifique el final de la diversión.
- Pasa al patio o a una plaza vacía, siempre con la correa larga. Si se distrae, no tires de ella para arrastrarlo: úsala solo para impedir que se aleje demasiado.
- Celebra cada regreso como si fuera el primero: premio, caricias y palabras de fiesta.
Cómo sumar distracciones sin perder lo logrado
Las distracciones son el verdadero examen. El error más común es pasar de la sala de la casa a un parque lleno de perros de un día para otro. Lo mejor es subir la dificultad en escalones pequeños.
Practica primero con una distracción leve, como un juguete quieto en el suelo o una persona caminando a lo lejos. Luego acércate un poco más o suma movimiento. Si tu perro falla dos veces seguidas, es señal de que el paso fue demasiado grande: vuelve al nivel anterior y termina la sesión con un acierto.
Un ejercicio muy útil es el de ida y vuelta: llámalo, prémialo y déjalo regresar enseguida a lo que estaba haciendo con una palabra como "libre". Así entiende que acudir no siempre significa perder la diversión, y empieza a hacerlo con más ganas.
Ten presente que algunos perros, por su instinto de caza o de rastreo, necesitan más tiempo y práctica. Con ellos, mantén la correa larga en lugares abiertos durante más meses, sin apuro.
Errores que arruinan el llamado
- Repetir la palabra muchas veces. Si dices "ven, ven, ven" y no viene, le enseñas que puede ignorarla. Dila una vez y, si no responde, ve a buscarlo con calma.
- Llamarlo para algo que no le gusta, como bañarlo, cortarle las uñas o encerrarlo. En esos casos, ve tú hasta donde está él.
- Regañarlo cuando por fin llega, aunque haya tardado. Si lo castigas, la próxima vez lo pensará dos veces antes de acercarse.
- Soltarlo en lugares abiertos antes de tiempo, sobre todo cerca de calles con tráfico, cuando el llamado todavía no es confiable.
Si tu perro siempre respondía y de pronto deja de hacerlo, o parece no escucharte aunque esté cerca, no lo tomes como desobediencia: puede tratarse de un problema de audición, de dolor o de otra molestia de salud. En ese caso, llévalo al veterinario para que lo revise. Con constancia y mucho cariño, el llamado se convierte en un hábito que los acompañará toda la vida.