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Leishmaniasis en perros: síntomas, contagio y cómo prevenirla

Sergio Soikis23 de febrero de 20264 min de lectura
Perro mestizo de pelo corto con collar antiparasitario descansando en un porche al atardecer.

La leishmaniasis es una de esas enfermedades que conviene conocer antes de que toque la puerta de casa. La transmite un insecto diminuto, avanza en silencio durante meses y puede dañar seriamente la piel, los ojos y los riñones de tu perro. Está presente en buena parte de América Latina, desde México hasta el norte de Argentina, y Brasil es uno de los países más afectados. La buena noticia es que hay mucho que puedes hacer para proteger a tu compañero.

Qué es y cómo se contagia

La leishmaniasis canina la causa un parásito microscópico llamado Leishmania. No pasa de un perro a otro por jugar, olerse o compartir el plato: necesita un intermediario. Ese intermediario es el flebótomo, también conocido como mosquito o mosca de la arena, un insecto muy pequeño, de color pálido, que vuela de forma silenciosa y a saltos cortos.

Cuando un flebótomo pica a un animal infectado, toma el parásito con la sangre y luego lo transmite al siguiente perro que pica. Estos insectos se crían en lugares húmedos y con materia orgánica, como hojarasca, tierra húmeda, gallineros o rincones con excremento de animales, y son más activos al atardecer y durante la noche.

Hay algo importante que debes saber: la leishmaniasis también puede afectar a las personas a través de la picadura del mismo insecto, y el perro funciona como reservorio del parásito. Por eso cuidar a tu perro también es cuidar a tu familia y a tu barrio.

Síntomas que debes vigilar

El parásito puede tardar meses, o incluso años, en dar señales. Muchos perros infectados se ven sanos durante mucho tiempo, y eso hace que la enfermedad sea difícil de detectar a simple vista. Cuando aparecen, los síntomas más comunes son:

  • Caída de pelo, sobre todo alrededor de los ojos (como si llevara anteojos), en las orejas y el hocico.
  • Piel reseca, con mucha caspa, costras o heridas que no cicatrizan, especialmente en orejas, nariz y articulaciones.
  • Uñas que crecen de forma exagerada o se deforman.
  • Pérdida de peso y de masa muscular aunque coma bien.
  • Cansancio, desgano y menos ganas de jugar o pasear.
  • Ganglios inflamados, que se notan como bultos bajo la mandíbula o detrás de las rodillas.
  • Sangrado por la nariz.
  • Ojos irritados, enrojecidos o con secreciones.
  • Más sed y más ganas de orinar, lo que puede indicar daño en los riñones.

Si notas cualquiera de estas señales, sobre todo si vives en una zona donde la enfermedad está presente, lleva a tu perro al veterinario cuanto antes. El sangrado nasal, la pérdida de peso marcada y el aumento de la sed son motivos para no esperar.

Diagnóstico y tratamiento

Solo un veterinario puede confirmar la leishmaniasis. Para eso usa análisis de sangre que detectan anticuerpos contra el parásito, pruebas que buscan su material genético o el estudio de muestras de ganglios, médula ósea o piel. También suele pedir análisis generales para revisar cómo están los riñones.

El tratamiento existe, pero hay que ser honestos: en la mayoría de los casos controla la enfermedad y mejora mucho la calidad de vida del perro, sin eliminar del todo el parásito. Por eso el perro necesitará controles periódicos de por vida. En algunos países la leishmaniasis es de notificación obligatoria y las autoridades sanitarias tienen normas propias sobre cómo manejarla; tu veterinario te explicará qué aplica donde vives. Nunca medicues a tu perro por tu cuenta.

Cómo prevenirla en el día a día

La prevención se basa en una idea sencilla: evitar que el flebótomo pique a tu perro. Estas medidas ayudan mucho:

  1. Usa repelentes aprobados para perros. Hay collares y pipetas con efecto repelente contra flebótomos. Pide a tu veterinario que te recomiende uno y respeta el tiempo de recambio. Si también tienes gatos, consulta antes: algunos de estos productos son muy tóxicos para ellos.
  2. Mantén a tu perro adentro al atardecer y de noche, que es cuando estos insectos salen a picar, sobre todo en los meses cálidos.
  3. Coloca mosquiteros de malla fina en puertas y ventanas, o al menos en el lugar donde duerme.
  4. Limpia el patio: retira hojas secas, restos de poda, basura y excremento de animales, y evita acumulaciones de tierra húmeda.
  5. Haz chequeos periódicos. Si vives en una zona afectada o vas a viajar con tu perro a una, pregunta por las pruebas de detección.
  6. Consulta por la vacuna. En algunos países hay vacunas disponibles; tu veterinario sabrá si es una opción recomendable para tu perro.

Ninguna medida protege al cien por ciento, pero combinarlas reduce mucho el riesgo. Con atención, un buen repelente y visitas regulares al veterinario, tu perro puede vivir tranquilo aun en lugares donde la leishmaniasis está presente.