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Perros guía: cómo se eligen, cómo se entrenan y cómo tratarlos

Sergio Soikis10 de agosto de 20264 min de lectura
Un labrador amarillo con arnés de perro guía camina atento por la acera junto a su dueño.

Cuando ves a una persona ciega caminando con paso seguro junto a su perro guía, estás viendo el resultado de casi dos años de trabajo, de muchas manos y de mucha paciencia. Un perro guía no es una mascota que aprendió algunos trucos. Es un compañero de trabajo que le da independencia a quien lo necesita. Vale la pena saber cómo se eligen, cómo se preparan y, sobre todo, cómo comportarnos cuando nos cruzamos con uno.

Qué hace realmente un perro guía

El perro guía ayuda a su dueño a desplazarse de forma segura. Lo conduce en línea recta, esquiva obstáculos y se detiene ante el borde de la acera, los escalones y las escaleras. También avisa de cosas que el bastón no detecta, como una rama baja o un toldo a la altura de la cabeza.

Lo que no hace es leer los semáforos. Es la persona quien decide cuándo cruzar, escuchando el tránsito. El perro obedece, pero tiene una habilidad muy especial llamada desobediencia inteligente: si recibe la orden de avanzar y viene un auto, se niega a moverse. Enseñarle a decir “no” en el momento justo es de lo más difícil de todo el entrenamiento.

Cómo se eligen los futuros perros guía

No cualquier perro sirve para este trabajo. Las escuelas suelen trabajar con razas de temperamento estable, con ganas de agradar y fáciles de educar: sobre todo el labrador retriever, el golden retriever y las cruzas entre ambos, y en algunos casos el pastor alemán. Muchas tienen sus propios programas de cría.

Pero la raza no basta. Desde cachorros se observa a cada perro: que sea tranquilo pero atento, que no se asuste con facilidad ante los ruidos, que no sea agresivo ni se distraiga demasiado con otros animales o con la comida, y que tenga buena salud. Aun así, no todos completan la formación. Los que no llegan suelen cumplir otras tareas o ser adoptados por familias, y eso no es un fracaso: su carácter encaja mejor en otra vida.

Cómo se entrenan, paso a paso

  1. La familia educadora. Con unas ocho semanas, el cachorro se va a vivir con una familia voluntaria durante aproximadamente su primer año. Allí aprende a convivir en casa, a hacer sus necesidades en el lugar indicado y a obedecer órdenes básicas. Sobre todo, se acostumbra a todo: transporte público, comercios, multitudes, ruidos y personas de todo tipo.
  2. El entrenamiento formal. Después vuelve a la escuela, donde un instructor trabaja con él durante varios meses con el arnés puesto. Aprende a guiar, a detenerse en los bordes y a esquivar obstáculos, siempre con refuerzo positivo: premios, voz y caricias.
  3. La unión con su dueño. Se busca a la persona adecuada según su ritmo al caminar, su estatura y su estilo de vida. Ambos entrenan juntos hasta formar un verdadero equipo.

Cuando se jubila, después de varios años de trabajo, muchas veces se queda con su dueño o con alguien cercano para disfrutar de un merecido descanso.

Qué hacer si te cruzas con un perro guía

Cuando el perro lleva puesto el arnés, está trabajando, y cualquier distracción puede poner en peligro a su dueño. Por eso:

  • No lo toques, no le hables ni lo llames, por más tierno que sea. Tampoco le silbes ni le hagas gestos.
  • Nunca le ofrezcas comida. Lo distrae y puede afectar su alimentación.
  • Pregunta antes de ayudar. Si la persona acepta, ofrécele tu codo del lado contrario al perro. No la tomes del brazo ni agarres la correa o el arnés.
  • Deja espacio. No te detengas de golpe frente a ellos ni bloquees el paso.
  • Respeta su derecho de entrada. En muchos países la ley permite que las personas con perro guía entren a comercios, restaurantes y transporte. Si atiendes al público, recíbelos con naturalidad.

Si tienes muchas ganas de acariciarlo, pregúntale al dueño. A veces, cuando el perro está sin arnés y descansando, te dirá que sí. Si te dice que no, respétalo sin insistir.

Si vas paseando a tu propio perro

Este punto es clave para quienes tenemos perros. Un perro que se acerca a olfatear, ladra o tira de la correa puede desconcentrar al perro guía, y una mala experiencia puede afectar su trabajo durante mucho tiempo. Lleva a tu perro con correa corta, no dejes que se acerque “a saludar” y, si es reactivo o muy juguetón, cruza la calle o cambia de dirección con tiempo. Si anda suelto en un parque y ves llegar a un perro guía, llámalo y ponle la correa enseguida.

Respetar a un perro guía es, en el fondo, respetar la libertad de la persona que camina con él. Un pequeño gesto tuyo ayuda a que ese equipo siga avanzando seguro.