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Tos de las perreras: cómo se contagia y cuándo ir al veterinario
Si tu perro empezó de repente con una tos seca y fuerte, como si quisiera sacar algo atorado en la garganta, es muy posible que se trate de la llamada tos de las perreras. El nombre asusta un poco, pero en la mayoría de los casos es una enfermedad leve que se cura sola en unas semanas. Aun así, conviene conocerla bien. Es muy contagiosa y, en algunos perros, puede complicarse. Aquí te explico cómo se transmite, cómo reconocerla y en qué momento hay que llevar a tu perro al veterinario sin dudarlo.
Qué es la tos de las perreras
Los veterinarios la llaman traqueobronquitis infecciosa canina o complejo respiratorio infeccioso canino. No la causa un solo microbio, sino varios que pueden actuar juntos. Los más conocidos son la bacteria Bordetella bronchiseptica, el virus de la parainfluenza canina y el adenovirus canino tipo 2. Hay otros virus y bacterias que también pueden participar. Todos ellos inflaman la tráquea y los bronquios, y de ahí viene esa tos tan característica.
Cómo se contagia
Se llama "de las perreras" porque se propaga con mucha facilidad donde hay muchos perros juntos. Pero tu perro puede contagiarse en cualquier lugar donde conviva con otros. Las vías más comunes son:
- Por el aire: un perro enfermo tose o estornuda y suelta gotitas que otro respira.
- Por contacto directo: al olerse, lamerse o jugar.
- Por objetos compartidos: platos de agua, juguetes, camas o correas.
Por eso los lugares de mayor riesgo son los refugios, las guarderías y hoteles caninos, las estéticas, las exposiciones y los parques para perros. Los síntomas suelen aparecer unos días después del contagio. Un perro puede transmitir la infección incluso antes de empezar a toser.
Síntomas que debes vigilar
El síntoma principal es una tos seca, ronca y persistente, que a veces suena como un graznido. Otras señales frecuentes son:
- Arcadas al final de la tos, a veces con un poco de espuma blanca, que muchos dueños confunden con vómito.
- Tos que empeora cuando el perro se emociona, hace ejercicio o jala de la correa y el collar le presiona el cuello.
- Estornudos y algo de secreción nasal transparente.
- Ojos un poco llorosos.
En los casos leves, el perro sigue comiendo, jugando y con buen ánimo a pesar de la tos. Por lo general mejora en una a tres semanas.
Cuándo tienes que ir al veterinario
Siempre es buena idea que un veterinario revise a un perro que tose. La tos también puede deberse a otros problemas, como enfermedades del corazón, colapso de tráquea o un cuerpo extraño. Además, hay situaciones en las que no debes esperar. Llévalo a consulta cuanto antes si notas cualquiera de estas señales:
- Fiebre, decaimiento o mucho cansancio.
- Falta de apetito o no quiere tomar agua.
- Respiración agitada, con esfuerzo o ruidosa, aun estando en reposo.
- Moco espeso, amarillento o verdoso por la nariz.
- Una tos que no mejora después de una semana o que empeora.
- Encías pálidas o azuladas: esto es una urgencia.
Ten especial cuidado con los cachorros, los perros mayores, los de nariz chata (como el bulldog o el pug) y los que ya tienen alguna enfermedad. En ellos la infección puede convertirse en una neumonía, que es grave. Solo el veterinario puede decidir si tu perro necesita algún medicamento. Nunca le des jarabes ni pastillas para la tos de personas.
Cuidados en casa y prevención
Mientras tu perro se recupera, puedes ayudarlo mucho con cosas sencillas:
- Reposo: paseos cortos y tranquilos, sin carreras ni juegos intensos.
- Arnés en lugar de collar, para no presionar la tráquea.
- Ambiente húmedo y limpio: el vapor del baño después de una ducha caliente puede aliviarlo, y es importante evitar el humo de cigarro.
- Aislamiento: mantenlo lejos de otros perros mientras tosa y un tiempo después. Pregúntale al veterinario cuándo puede volver a convivir con ellos.
- Lava sus platos, juguetes y cobijas con frecuencia.
Para prevenirla, existen vacunas contra los principales agentes, entre ellos la Bordetella, la parainfluenza y el adenovirus. Muchas guarderías y hoteles las piden. No evitan todos los contagios, pero reducen el riesgo y hacen que la enfermedad sea más leve. Habla con tu veterinario sobre cuáles necesita tu perro según su edad y su estilo de vida.