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Senderismo con tu perro: equipo, agua, patas y recorrido

Sergio Soikis16 de abril de 20264 min de lectura
Un perro mestizo con arnés rojo camina por un sendero de montaña con picos al fondo.

Pocas cosas disfruta tanto un perro como un día en el cerro o en un sendero entre árboles: olores nuevos, tierra bajo las patas y su persona al lado. Pero la montaña también exige. Hay subidas largas, piedras que lastiman, poca sombra y, muchas veces, ningún lugar cerca donde pedir ayuda. Con un poco de preparación, la salida puede ser segura y feliz para los dos. Aquí te cuento cómo elegir un recorrido a la medida de tu perro, qué llevar, cómo manejar el agua y cómo cuidar sus patas.

Elige un recorrido a la medida de tu perro

El sendero lo decide tu perro, no tus ganas de caminar. Piensa en su edad, su tamaño, su condición física y su tipo de cuerpo.

  • Cachorros: sus huesos y articulaciones todavía se están formando. Salidas cortas y en terreno fácil; pregúntale a tu veterinario desde cuándo puede hacer caminatas largas.
  • Perros mayores o con problemas de articulaciones, corazón o respiración: consulta antes con el veterinario y elige rutas planas y breves.
  • Razas de hocico corto, como el bulldog, el pug o el bóxer: se cansan y se acaloran con mucha facilidad. Mejor recorridos cortos, con sombra y en horas frescas.
  • Perros poco acostumbrados al ejercicio: empieza con caminatas de una o dos horas y aumenta poco a poco, semana a semana.

Infórmate también sobre el lugar: si se admiten perros, si deben ir con correa, si hay fuentes de agua, cuánta sombra hay y qué tan pedregoso es el terreno. Evita las horas de más calor y ten siempre un plan para acortar la caminata si hace falta.

El equipo básico

  • Un arnés cómodo y bien ajustado, que reparte mejor la fuerza que el collar en subidas y bajadas, y una correa de largo medio.
  • La placa de identificación con tu teléfono y, si tiene microchip, tus datos actualizados.
  • Agua suficiente para los dos y un recipiente plegable.
  • Bolsas para recoger sus heces.
  • Un botiquín sencillo: gasas, venda autoadherente, solución para limpiar heridas y una pinza para quitar garrapatas.
  • Premios o algunos bocados de su comida.

Antes de empezar la temporada de senderos, revisa que su protección contra pulgas y garrapatas esté al día. Tu veterinario te dirá cuál conviene en tu zona.

Agua y comida durante la caminata

El agua es lo más importante. Los perros se refrescan sobre todo jadeando, y en una subida pierden mucho líquido. Ofrécele de beber a menudo, en cantidades pequeñas, sin esperar a que te lo pida. En un día cálido, un perro grande puede necesitar tanta agua como tú, o más.

Procura que no beba de charcos, lagunas de agua estancada o arroyos de origen dudoso: pueden transmitir parásitos y enfermedades como la leptospirosis. Lo más seguro es llevar agua de casa.

Con la comida, evita darle una ración grande justo antes de salir o en medio de un tramo exigente. Es mejor que coma un buen rato antes, que durante el recorrido reciba solo pequeños bocados y que su comida principal llegue al volver, cuando ya esté descansado.

Cuida sus patas

Las almohadillas son resistentes, pero la roca filosa, la grava, la arena caliente y la nieve pueden lastimarlas. Una prueba sencilla: apoya el dorso de tu mano en la piedra durante unos segundos. Si a ti te quema, a él también.

  • Revisa sus patas en cada descanso y al terminar: busca cortes, almohadillas peladas, espinas, piedritas o semillas de pasto entre los dedos.
  • Las semillas en forma de espiga pueden clavarse en la piel, los oídos o la nariz. Si se lame una pata sin parar, sacude la cabeza o estornuda de golpe, llévalo al veterinario.
  • Las botitas protegen en terrenos muy duros, pero tu perro necesita acostumbrarse a ellas en casa antes de la salida.
  • Mantén sus uñas cortas y el pelo entre los dedos recortado.
  • Si empieza a cojear, detente y no lo obligues a seguir.

Señales de que deben parar

Tu perro querrá seguirte aunque esté agotado, así que te toca a ti leer las señales. Detente, busca sombra y ofrécele agua si se queda atrás, se echa a cada rato o jadea de forma exagerada.

El golpe de calor es una emergencia. Jadeo muy intenso, encías muy rojas o pálidas, baba espesa, tambaleo, vómitos o decaimiento exigen actuar de inmediato: llévalo a la sombra, mójale el cuerpo con agua fresca, no helada, y ve al veterinario lo antes posible, aunque parezca recuperarse. Lo mismo si lo muerde una serpiente o si una picadura le hincha la cara: no intentes curarlo por tu cuenta y sal hacia el veterinario más cercano.

Al volver a casa, revisa todo su cuerpo en busca de garrapatas, sobre todo en orejas, cuello, axilas y entre los dedos. Luego déjalo descansar. Si cuidaste el ritmo, el agua y sus patas, seguro estará listo para la próxima aventura.