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Paseos y ejercicio

Tu perro en la playa: cómo cuidarlo del sol, la arena y el mar

Sergio Soikis13 de julio de 20264 min de lectura
Un perro de pelo dorado corre feliz por la arena mojada a la orilla del mar

Pocas cosas hacen tan feliz a un perro como correr por la orilla, cavar en la arena y meterse al agua detrás de una pelota. Un día de playa puede ser de los mejores recuerdos que compartas con tu compañero. Pero el mar, el sol y la arena caliente también traen riesgos que conviene conocer antes de salir. Con un poco de preparación y algo de atención, ese día termina como debe: con un perro cansado, contento y sano.

Antes de salir: lo que no puede faltar

Primero, averigua si la playa a la que vas acepta perros y cuáles son sus reglas. Muchas exigen correa o solo permiten la entrada en ciertos horarios. Luego arma una bolsa pensada para él:

  • Agua dulce en abundancia y un recipiente para que beba cuando quiera.
  • Sombra propia, como una sombrilla o un toldo, porque en la playa no siempre la hay.
  • Correa, collar con placa de identificación y bolsas para recoger sus desechos.
  • Una toalla y, si tu perro es de piel clara, un protector solar formulado para perros.

Elige las primeras horas de la mañana o el final de la tarde. Evitar el mediodía es la decisión más sencilla para protegerlo del calor.

Agua salada: por qué no debe beberla

Casi todos los perros prueban el agua de mar, sobre todo si tienen sed o juegan con la boca abierta entre las olas. Unos tragos suelen provocar vómito o diarrea, pero si bebe una cantidad grande puede sufrir una intoxicación por sal, que es peligrosa.

La mejor prevención es ofrecerle agua dulce con frecuencia, para que no busque calmar la sed en el mar, y hacer pausas en los juegos de agua. Si notas vómitos repetidos, diarrea intensa, mucha sed, debilidad, desorientación, temblores o convulsiones, llévalo al veterinario de inmediato. No esperes a ver si se le pasa.

Vigila también lo que encuentra en la arena: peces muertos, algas, basura o anzuelos. Y si se pasa el rato cavando y comiendo arena, distráelo, porque tragar mucha puede causar problemas digestivos.

Arena caliente y sol fuerte

Las almohadillas de tu perro son resistentes, pero no invencibles. Una prueba fácil: pon el dorso de tu mano sobre la arena durante unos segundos. Si no lo aguantas, sus patas tampoco. Camina por la zona húmeda cerca de la orilla y deja que descanse sobre una toalla a la sombra.

El mayor peligro es el golpe de calor. Los perros de hocico chato, como el bulldog o el pug, los de pelo muy denso, los cachorros, los perros mayores y los que tienen sobrepeso corren más riesgo. Las señales de alarma son:

  • Jadeo exagerado y mucha baba.
  • Encías muy rojas o de color extraño.
  • Debilidad, tambaleo o falta de respuesta.
  • Vómito o colapso.

Si ves algo de esto, llévalo a la sombra, mójalo con agua fresca, no helada, y ve al veterinario enseguida. El golpe de calor es una emergencia aunque el perro parezca recuperarse.

Los perros de pelo corto o claro y los de nariz rosada también pueden quemarse con el sol. Usa solo protectores hechos para perros, porque algunos de uso humano contienen ingredientes que le hacen daño si se lame.

A nadar, pero con cuidado

No todos los perros saben nadar ni disfrutan el agua, y eso está bien. Nunca lo obligues ni lo metas a la fuerza. Deja que entre poco a poco, por donde las olas son suaves.

  1. Si es su primera vez, o si es un perro pesado o de patas cortas, considera un chaleco salvavidas para perros.
  2. No lo pierdas de vista ni un momento mientras está en el agua.
  3. Evita días de oleaje fuerte o corrientes, y no lances juguetes demasiado lejos.
  4. Haz que salga a descansar antes de que se agote; muchos perros no saben cuándo parar.

De vuelta en casa

Al terminar, enjuágalo con agua dulce para quitarle la sal y la arena, que resecan la piel y pueden irritarla. Revisa sus almohadillas por si tiene cortes o quemaduras, y seca bien sus orejas, porque la humedad acumulada favorece las infecciones. Si al día siguiente lo notas decaído, con diarrea o cojeando, consulta a tu veterinario.

Con estos cuidados, la playa será para tu perro lo que debe ser: un lugar para correr, jugar y volver a casa feliz.